Internet y Bobby Henderson, un joven licenciado en
física de Oregón, son los responsables del último fenómeno mediático que desde la Red está dando
la vuelta al mundo. Se trata del Flying Spaghetti Monster (FSM), una divinidad en forma de una
maraña de espaguetis y dos albóndigas, que ya ha hecho su primer milagro: atraer al sitio de Henderson
más de 19 millones de visitas en tres meses desde su aparición.
La nueva religión nació como irónica respuesta a la propuesta
del Consejo de Educación del estado de Kansas de introducir en las escuelas la enseñanza del diseño inteligente, moderna denominación
del creacionismo, equiparándola a las teorías científicas de la evolución. El creacionismo empezará a impartirse
en las escuelas de ese Estado norteamericano. Todo empezó con una carta abierta, enviada a las principales escuelas de Estados
Unidos y publicada en su sitio venganza.org, donde Henderson afirma que el monstruo de espaguetis
volador debe ser reconocido como el ser supremo que creó el mundo y su doctrina impartida en las clases de creacionismo bíblico,
ya que ambas están basadas en la fe. Los seguidores del
FSM, autodenominados pastafaris (un guiño a los rastafaris jamaicanos), dotaron la imagen sagrada de la
necesaria iconografía histórica y artística, sustituyéndola a la imagen de Dios en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel o en La Última Cena.
La satírica reivindicación ha cobrado especial relevancia tras la decisión del Estado de Kansas de introducir
la enseñanza del creacionismo en la asignatura de ciencias y las declaraciones del presidente Bush
en favor de esta doctrina, que niega la teoría de la evolución formulada por Darwin y basa la vida humana en la existencia
de Dios.
El bicho enmarañado, convertido ya en el símbolo de los opositores de este nuevo éxito del fundamentalismo
cristiano, se ha ido dotando de una verdadera mitología seudocientífica, que afirma -por ejemplo-
que el aumento de la temperatura global del planeta se debe a la disminución de piratas desde 1800 y a que los techos de los
templos hindúes y las acuarelas de Kandinsky son prefiguraciones del dios-espagueti.
Como cualquier religión que se precie, el pastafarianismo
tiene sus dogmas y su paraíso, representado como una isla con un volcán que escupe cerveza, Henderson
es su profeta en la tierra y el viernes, su día sagrado. También hay objetos de culto (camisetas, pegatinas y otros objetos en venta a través de la página web), himnos y rezos, que terminan con la palabra
ramen,
nombre de un fideo japonés, en sustitución del más tradicional amen. "Suena
absurdo, pero si la clase de Ciencias incluyen las teorías religiosas, podrían ofrecer explicaciones de la creación igual
de ilógicas que la mía y no quisiera que Adán, hecho de arcilla, se convirtiese en la única verdad", dice Henderson.
Mientras tanto, la polémica entre creacionismo y evolucionismo sigue más allá de las parodias: además
de Kansas, también Ohio, Texas, Misuri, Carolina, Wisconsin y Misisipi
son teatro de batallas legales sobre propuestas que llegan a penalizar el darwinismo de los programas de enseñanza. Hasta
20 estados están debatiendo sobre la conveniencia de incluir el diseño inteligente en el temario. El conflicto, que empezó
en la década de 1930, vuelve a ponerse de moda, cada vez que los conservadores se instalan en el poder, aprovechando también
que -según una encuesta de Gallup- el 44% de los americanos cree que "el hombre fue creado directamente
por Dios a su imagen hace unos 10.000 años". Un tercio de la población está convencida de que "el creacionismo es
una ciencia cierta".
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