THE "CHACHO" CONCEPT

Crónicas arqueológicas de Ayerch Jurfendu
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Edición revisada

Poco antes de ingresar en prisión, mi editor me pidió que escribiera una introducción para la inminente aparición de una edición revisada de la famosa obra "La Historia y Yo: Una aproximación a la incongruencia" del sin par historiador Ayerch Jurfendu. La gran sorpresa que supuso la aparición de este libro sólo es comparable a la que se llevó el doctor Livingstone cuando encontró a su mujer haciendo manitas con un pelícano en la bañera de un motel de Las Vegas. Su principal novedad radica en que Jurfendu escribió su particular visión de la Historia en forma de diario. De esta manera el lector entra en contacto con la ardua labor investigadora del historiador. Alguien dijo en cierta ocasión que este diario era "la Historia en ropa interior". No podría estar más de acuerdo con ese alguien (aunque discrepamos seriamente acerca del color del liguero).

 

    Se discute mucho sobre los cambiantes estados de humor del profesor Jurfendu durante la elaboración de este texto. Es sobradamente conocido el hecho de que atravesaba una profunda depresión tras su ruptura sentimental con Ebceiart Zpeer. Esta mujer continúa siendo un misterio para los estudiosos de Ayerch. Desconocemos su procedencia y si heredó el nombre de su familia o se trataba de un pseudónimo obviamente desafortunado. Se sabe que ambos habían coincidido una noche en la representación de una comedia griega (aunque en teatros distintos). A partir de ese momento mantuvieron una breve pero intensa relación que hizo muy feliz a Jurfendu. Se trata sin lugar a dudas de la etapa más creativa del profesor, ya que durante ella no escribió ni una sola línea. Gran parte de la doctrina considera que la ruptura antes mencionada es responsable del estilo nervioso y de escaso valor literario que abunda en la obra. Unos cuantos autores, sin embargo, opinan exactamente igual (sin duda con el mero propósito de llamar la atención).

 

    De cualquier manera, y en la esperanza de que el lector sabrá valorar dichos altibajos estilísticos por sí mismo, presentamos en estas páginas un anticipo de lo que nos puede deparar esta nueva edición.

 

Al Itosis Múltiple,

Catedrático de Historia de la

Estación de Autobuses de Oxford.

 

    19 de Julio: Proseguimos con las excavaciones en el Valle de los Reyes. Hemos optado por girar en la quinta momia de la izquierda. La excitación es grande y presiento que nos hallamos en la antesala de un hallazgo de grandes proporciones. Esta premonición nos mantiene pletóricos de fuerzas, aunque ayer el profesor Hopskins fue hallado ebrio invitando a cenar a mi camello (y teniendo en cuenta que no era más de mediodía, temo que no podamos contar en exceso con su antaño preclaro cerebro).

 

    Ebceiart sigue sin contestar a mis cartas. Supongo que está demasiado atareada preparando nuestra boda. Además el servicio de correos en este país deja mucho que desear. Es curioso cuánto me acuerdo de ella al observar las dunas. Debo llevar un gorro más a menudo...

 

    22 de Julio: La excavación prosigue infructuosamente. Aún no hay resultados y estoy considerando volver a dedicarme por entero al estudio del siglo XIX. Creo que yo no he nacido para ejercer la arqueología. Es demasiado polvorienta para mi gusto y yo padezco alergia a las pirámides. Además, empiezo a tener serias dudas sobre la doble intención de mi criado Hachib cuando me dijo que el verano era la época ideal para acudir al Valle. ¡Rata vengativa! En fin... se lo descontaré del sueldo. Lo único que mantiene mis esperanzas es que no creo que tarde en llegar una carta de Ebce.

 

    28 de Julio: ¡Por fin se ha producido el gran hallazgo que todos esperábamos! Hemos encontrado un inmenso camión cisterna en las proximidades del sarcófago de Ptolomeo IV. A pesar de ello, la alegría general se tornó decepción cuando un egipcio afirmó que aquella pieza que creíamos única tenía como máximo treinta años de antigüedad y nos pidió que le permitiéramos venderla en el zoco. Mis dudas aumentan casi tan rápidamente como la erupción cutánea que padezco desde que llegué a este infausto lugar.

 

    Empiezo a preocuparme por Ebce. ¿Le habrá ocurrido algún percance? No consigo apartarla de mi pensamiento. Por si fuera poco, el profesor Hopskins se ha fugado con mi camello y se rumorea que le ha montado un pisito en la Costa Azul.

 

    4 de Agosto: Mis fuerzas están a punto de extinguirse por completo. A la vista de los hechos -o más bien de la ausencia de hechos en lo que a descubrimientos se refiere-he tomado la determinación de comenzar mi tratado histórico sobre el Antiguo Egipto basándome en las escasas pistas de que dispongo y en mi infalible intuición.

 

    Creo que empezaré por narrar la inédita relación entre Cleopatra VI y el Mariscal de Campo Rommel. En mi opinión, Cleopatra nunca se recuperó del insulto a ella dirigido por Napoleón cuando, tras ser recibido en audiencia pública por la reina y en presencia de sus tropas, este la señaló diciendo algo así como: "Ante vosotros, dos mil años os contemplan". De todos modos, no debemos hacer mucho caso de esta aseveración típicamente napoleónica ya que, como todos sabemos, este gran estratega procedía de Córdoba. ¿O era Pittsburgh?... ¡Bueno! El caso es que, desesperada, Cleopatra ofreció a Rommel su ayuda, sus encantos sexuales y un moldeador último modelo que había heredado de Alejandro Magno. El Mariscal aceptó el aparato encantado, pero escandalizó a toda la corte cuando intentó utilizarlo por vía anal. (Para mayor información sobre este punto, confrontar "Rommel: Fetichismo y Gastronomía" del mismo autor -N. del T).

 

    Finalmente, tras numerosas decepciones amorosas, Cleopatra decidió cambiar de identidad y huir a otro país. Lo último que se supo de ella fue que se hacía llamar Manolo y que se dedicaba al contrabando de serpientes light en Melilla. Rommel, por su parte, intentó hacerle un moldeado explosivo al Führer. Este encontró la idea tan divertida que procuró enviar al Mariscal a practicar tales habilidades ante un pelotón de fusilamiento. Ante el poder de convicción de Hitler, Rommel decidió abandonar su afición al mus definitivamente.

 

    9 de Agosto: Hace más de un mes que no pagamos a los exploradores locales que habíamos contratado y estos, diligentemente, se han encargado de recordárselo al profesor Higgins. El bueno de Higgins acudió, en consecuencia, a sus propias exequias con todos nosotros. Debo decir que presentaba un magnífico aspecto (con la posible excepción del enorme pico que llevaba incrustado en el cráneo y que dificultó enormemente la adopción de una postura decorosa en el féretro).

 

    He pedido a algunos antiguos colegas europeos que me envíen información sobre mi amada Ebce. Sin embargo, por el momento todo lo que he recibido de ellos es un cúmulo de comentarios hilarantes referentes a un par de protuberancias en mi cabeza que no alcanzo a comprender.

 

    Mi erupción cutánea está empeorando por momentos. Cada día me asemejo más a la "Galatea de Esferas" de Dalí. Un curandero de El Cairo me ha vendido a precio de saldo unos botes excelentes de oxígeno envasado al vacío que, según aseguraba, son maravillosos para remediar mis males. Pero aún no presento mejoría alguna.

 

    15 de Agosto: Hoy he sido informado de la dolorosa verdad. ¡Ebce me engaña! Su profesor de dicción me ha enviado una delirante misiva en la que relata sus esfuerzos para lograr que Ebce pudiera vocalizar con un enorme pepino en la garganta. Y acto seguido me informa de que ambos se han casado el pasado jueves. ¡Así, sin más! Me siento morir...

 

    He anunciado mi marcha al resto de componentes de la expedición. Pero, teniendo en cuenta que soy el único miembro que aún permanece en Egipto, la noticia no parece haberles perturbado en exceso

 

    Nunca debí embarcarme en esta maldita experiencia.

 

    20 de Agosto: ¡Increíble! Hace dos días, sumido en la más profunda de las desesperaciones, intenté suicidarme con una bomba de relojería que yo mismo había preparado. Al encender la mecha, me quemé el dedo con tal intensidad que arrojé el artefacto unos quinientos metros más allá. Su explosión reveló el mayor yacimiento arqueológico jamás encontrado. Expertos de todo el planeta han acudido hasta aquí sorprendidos con todos los objetos preciosos hallados. Les llama la atención especialmente un antiquísimo ropaje con una inscripción escrita en un lenguaje desconocido cuyos caracteres configuran dos palabras: "Elvis Presley". Parece estar elaborado con un material similar a las lentejuelas.

 

    Súbitamente soy famoso y aclamado en todo el mundo. Las condecoraciones me llueven por los cuatro costados y las mujeres consideran que mi erupción cutánea es de lo más atractiva e interesante. Incluso he recibido una invitación a una fiesta que celebra mi antiguo camello (ahora llamado señora Hopskins).

 

    Esta tarde he dado una rueda de prensa con cobertura mundial. A la pregunta -formulada por el insigne periodista Pierre Defoto, de la prestigiosa publicación Hogar y Cactus- acerca de cuál era el secreto de mi gran éxito he respondido con mi aplomo característico: "La perseverancia. En ningún momento he dudado que lograría mis objetivos. No he pensado en ninguna otra cosa hasta hallar el yacimiento." Acto seguido el improvisado auditorio prorrumpió en aplausos ante mis sinceras declaraciones.

 

    Decididamente soy un gran tipo.
 
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