THE "CHACHO" CONCEPT

Breve comentario a un texto fundamental de Draploke Jurfendu

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por Pierre Defoto

<<Treforzias lepuf drasvoña talique. ¡Uh  sihtro kara Perzuwth travise...! Flo, Flo...ezquiter dre aeranz mondokolo cuzpla bakorite. Grabadu micior poserra dre flasto. Lepuf travise. Voc tirti panuplo garzt laciol flasto prus flasto (enfornico triviloque).


Trivi dre elezcumt prus aeranz asplanda lef willibastrofecia sistarsis omsala. Perzuwth bacorite, bacorite Perzuwth. Quadrop verstri psilote liteco pursi locinefu
>>.

Draploke Jurfendu


La interpretación de esta famosa cita del doctor Jurfendu es tan amplia como grande era la verruga de su nariz. Por lo tanto mi intención en este articulo es la simple aclaración de ciertos puntos oscuros (de las comas oscuras hablaré más adelante) en esta teoría. Puntos que proceden de una errónea consideración de la doctrina (acostumbrada a pensadores mediocres mucho más digeribles desde su obsoleto punto de vista) como consecuencia de la infame influencia de la tristemente famosa leyenda fucsia surgida en torno a la figura del insigne maestro.

Ante todo, queda clara en este texto la sincera admiración que Jurfendu siempre profesó por Perzuwth. De hecho es vox populi que en vida de Perzuwth, Jurfendu (a excepción de los días 32 de cada mes a partir de 1928, en que jugaba a las muñecas con Hoover), le untaba diariamente las orejas con ketchup, con sus propias manos. (Detalle que tanto Perzuwth como la lavandería municipal de Leipzig agradecieron infinitamente.) Cuentan las malas lenguas que durante una estancia de ambos en Niza en el otoño de 1892, se toparon con Edvard Munch, que se baso en su reacción al ver a Perzuwth para pintar el más famoso de sus motivos: El Grito. En unas notas de la época, halladas por don Claudio Sánchez Albornoz en una bodeguilla de Noruega, el propio Munch recuerda esta situación: <<Iba caminando con dos amigos por el paseo -el sol se ponía- el cielo se volvió de pronto rojo -yo me paré- cansando me apoyé en una baranda y los vi - sobre la ciudad y el fiordo azul oscuro no veía sino ketchup, sangre y lenguas de fuego -mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo y de diarrea mental -y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza-. Mas tarde comprendí que unos muchachos lo habían provocado al darle un balonazo fortuito a un tenor local en sus partes más íntimas.>>

En cierta ocasión, interrogado sobre el destete precoz de la ovejas camboyanas, Jurfendu respondió utilizando la famosa interjección "¿eh?", que Perzuwth propugnaba con frecuencia en sus manifiestos (sobre todo a partir de su incipiente sordera producida por la explosión de un mosquito caucasiano que sobrevolaba su pabellón auditivo.)

Pero adentrémonos en las lagunas de la teoría jurfenduana. El verdadero nudo de la cita que nos ocupa es el celebre fragmento:<< Trivi dre elezcumt prus aeranz asplanda lef willibastrofecia sistarsis omsala.>> que provocó tal consternación el año de su publicación (1929), que incluso se produjeron trastornos en Wall Street (parece ser que, afortunadamente, sin consecuencias graves.)

La comprensión de este fragmento se basa en los dos pilares básicos de la filosofía jurfenduana:

1. La extrapolación catártica de la vanagloria en los crustáceos y su relación intrínseca con la crisis financiera del mercado bursátil de Villamastuerzo del Morrazo de Arriba y sus aledaños históricos más pintorescos e infravalorados.


Es sintomático el hecho de que ninguno de los discípulos de Jurfendu se atreviera a discutir los puntos débiles (por otra parte escasos) de este postulado. Ello se debe fundamentalmente a que nunca llegaron a encontrar el más mínimo sentido en el mismo.

    
Hay que recordar que Jurfendu desarrolló esta idea tras una indigestión de Testigos de Jehová que sufrió durante un safari en Calatayud. Luego las connotaciones ateas de sus razonamientos son escandalosamente evidentes y comprensibles. (Como pone de manifiesto su libro titulado "144.000 razones para preferir ser un hermafrodita en paro a llevar una plaquita negra en el bolsillo izquierdo de la camisa")


¿Implica esto que los crustáceos que se vanaglorian son ateos siempre y cuando se extrapole catárticamente esa característica? No necesariamente, puesto que la verdadera implicación clave en este postulado es la irónica referencia ejemplificadora a los cangrejos como crustáceos-tipo. (Recuérdese que caminan hacia atrás). Luego para Jurfendu, los cangrejos, no sólo pueden ser religiosos si les viene en gana, sino que además resultan indigestos si se ingieren en cantidades superiores a cuatro toneladas diarias. El hecho de que no todos los cangrejos sean rojos explica por qué los que no lo son, lejos de avergonzarse de caminar hacia atrás, se enorgullecen de semejante estupidez aún no teniendo poder adquisitivo suficiente para adquirir un retrovisor en el rastro. A partir de ahí  sus acciones carecen de valor. Así que todos los accionistas pretenden venderlas, y estando su sede en los ríos que circunvalan desde hace siglos el pueblo de Villamastuerzo del Morrazo de Arriba (que obviamente está sobre un islote por tal motivo) la crisis financiera de su mercado bursátil de los jueves es inevitable. Entretanto, los cangrejos ya han abandonado el lugar para cuando comienza la catástrofe financiara y se las dan de avezados por haber escapado a tiempo. Como consecuencia, se manifiesta en ellos la vanagloria a la que el gran maestro hacía referencia y queda aclarada esta parte de su teoría.

2. La Willibastrofecia y sus derivados.


¡He aquí la gran obra maestra del razonamiento jurfenduano! Sin lugar a dudas la tesis de la willibastrofecia es el mayor avance filosófico y científico del siglo XX (Hoy en día sabemos a ciencia cierta que cuando Nietzche se enteró de este hecho irrefutable prefirió morirse en 1900 antes que soportar tal humillación).


La inmensa densidad de este tema (que francamente, es difícil que llegue a explicarse jamás en su totalidad y que suele utilizarse en los más modernos tratamientos del insomnio) me ha llevado a Alaska en tres ocasiones, a una botella de whisky en mas de cien ocasiones y a una ninfómana especializada en Jurfendu en una inolvidable ocasión, pero sobre todo me ha inducido a resumirlo todo lo posible, limitándome a resaltar lo que para mí resulta fundamental como si se tratara de un paisaje impresionista que tuviera su origen en la percepción momentánea de una escena entendida como símbolo de la existencia humana.

El resultado de mi síntesis queda expresado de la siguiente manera:
"?... !"
lo que dada su espectacular concisión y colosal dualidad me hará ganar la chochona en la próxima tómbola del barrio.

El próximo mes les hablaré de si Jurfendu consideraba más ético el pepperoni o un ukelele hecho en Segovia.

Pierre Defoto.
Cuñado del director de esta editorial.
 
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