THE "CHACHO" CONCEPT

El diario de Chop-Enjagüe (III)
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Parte tercera
por Julio Gómez
 

Luna Tercera:

 

        En la jornada posterior a mi encuentro con los tontos de la tribu Vespa-Niola, han sucedido gran cantidad de acontecimientos sorprendentes gracias a los cuales pude ampliar considerablemente mi vocabulario aborigen:

 

·        He sido objeto de la hospitalidad de los indígenas que tras una breve conversación, alternada con golpes diversos, crearon dos relámpagos artificiales ante mis ojos y mis orejas. Tamaña estupidez responde al nombre de "fotos". Luego me han alojado en una colosal cabaña destinada a huéspedes y visitantes lejanos que llaman "Hotel".

 

·        He comprobado que existen muchos hoteles diferentes y que cada uno recibe un nombre distinto. También me comentaron que ahora residía en uno denominado "Alcalá-Meco".

 

·        Según mis averiguaciones, la calidad de estos hoteles se cuantifica por su número de estrellas. Pero estas no tienen nada que ver con los dioses menores del cielo sino que dependen del número de habitantes que conviven en cada estancia. Cuantos más salvajes y menos espacio haya, más estrellas.

 

·        De acuerdo con mis cálculos este hotel debía, en consecuencia, tener una calidad realmente asombrosa.

 

·        Para no parecer descortés con estos pobres ignorantes decidí permanecer algún tiempo en el Alcalá-Meco estudiando las costumbres que rigen el comportamiento de los aborígenes en dicho lugar.

 

·        Para empezar, fui amablemente persuadido para que me despojara de mi taparrabos y de todos los objetos que llevaba. A cambio, me proporcionaron unas túnicas muy burdas con una inscripción numérica. A este ropaje se le denomina "pijama", y el mío parece bastante inadecuado para mis dimensiones. Afortunadamente he podido esconder mi diario en lugar seguro.

 

·         Luego me condujeron rápidamente hasta mis aposentos, que como ya he mencionado anteriormente, compartí con unos cincuenta miembros de la tribu Vespa-Niola. Una vez allí, mis compañeros de estancia me dieron un cálido recibimiento consistente en arrojar mi colchón al lugar más recóndito del habitáculo y chasquear la lengua de forma un tanto peculiar.

 

·        En cuanto me fue posible, procuré comunicarme con estos indígenas. Tras varios intentos fallidos terminé averiguando que los residentes llaman al hotel "la trena" y que manifiestan una grave preocupación por no poder salir de las estancias más que cuando el cocinero del lugar, un tal "Alcaide", lo permite. Después de comer junto con todos ellos me di cuenta de que este cocinero es un sinvergüenza. Su comida era tan repugnante que tiene que retener a los huéspedes por medio de amenazas. No pude consentirlo, ni siquiera respetando la cultura de estos retrasados Vespa-Nioles.

 

·         Propuse a todos mis compañeros de estancia irnos a otro lugar mediante un sencillo viaje astral colectivo. Por toda respuesta, estos empezaron a reírse desaforadamente y a preguntarme dónde escondía algo llamado "la coca".

 

·        En vista del poco éxito de mi proposición tomé la decisión de hacer algo por esta panda incorregible de ignorantes. Mediante un gran esfuerzo los trasladé a todos fuera del hotel. No tuve tiempo de calcular el lugar de nuestra llegada. Afortunadamente acerté a situarnos en un parque de amplias proporciones, aunque en unas condiciones paupérrimas. El césped no llegaba a levantar un palmo del suelo. Al fondo había un grupo de niños bastante bien desarrollados dando saltitos. Sus ropajes llevaban inscripciones numéricas al igual que los nuestros, pero en la espalda.

 

·        Súbitamente, los compañeros del grupo de huéspedes que trasladé del hotel empezaron a dar saltos, a abrazarme, a llamarme jefe y a correr por el parque. Uno de ellos me dijo: "La madre que te parió ¿Cómo has hecho para traernos al Santiago Bernabeu?" Como no tengo ni idea de cuál de ellos es ese señor ni de cómo es posible que sea madre, guardé un confuso silencio.

 

·        Por último salimos del parque perseguidos por un indígena de extraño aspecto al que mis compañeros llamaban "míster", algo que les producía grandes risotadas.

 

·        En estos momentos el dios menor amarillo ya se ha ocultado y mis compañeros, que parecen haberme tomado mucho cariño, me están proponiendo nuevas actividades para las siguientes lunas. Insisten en una denominada "atracar un puto Banco" que parece muy interesante. Esto va por buen camino.

 

Seguiré informando:

Chop-Enjagüe.

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