THE "CHACHO" CONCEPT

El diario de Chop Enjagüe (II)
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Parte segunda
por Julio Gómez
 
 

Luna Segunda:

 

        Los rayos del dios menor amarillo me han despertado sin la violencia propia de los montes de Kunst. Se ve que los aborígenes Vespa-Nioles le importan bien poco. A través de la minúscula cabaña o Qué-Asco, como la llaman aquí, apenas puedo divisar nada reconocible. El camino que tomé para llegar parece cubierto de una extraña niebla negruzca, que poco tiene en común con la del hogar Naïf.

 

        En el exterior, mi primera sorpresa es encontrarme rodeado de multitud de indígenas que caminan en todas las direcciones a una velocidad considerable. Sus ropajes son completamente ridículos. Las mujeres ocultan sus pechos como si fueran motivo de vergüenza y los hombres llevan sogas de colores colgando del cuello. Intento entablar algún contacto con ellos pero todo el mundo me ignora y sólo algunos se vuelven brevemente para decirme "No tengo nada" o "¡Búscate un empleo vago!". Me temo que el gran libro de Dik-Chon-Ario no hace referencia a ese concepto. Apunto en mi lista de cosas por hacer: "Averiguar qué o quién es un empleo vago".

 

        Compruebo que la mayoría de los bárbaros se dirigen hacia una abertura abierta en mitad de la tierra, sobre la que se alza un cartel aborigen de vivos colores con la inscripción "Avenida De América". Con la decisión que me caracteriza les sigo y me introduzco en la abertura. La tierra presenta un desnivel muy extraño con el espacio justo para que quepan los pies de esta tribu de enanos. Casi me mato intentando descender al mismo ritmo que ellos. Empiezo a comprender cuál es el ritual que realizan todos. Parece ser una especie de competición llena de peligros. Al primer desnivel siguen otros que ¡se mueven por sí mismos! Sin duda debo estar sobre el lomo de algún animal cuyo tamaño me aterra.

 

        La siguiente prueba es de fuerza y agilidad. Unos troncos de un material frío muy resistente impiden el paso. Algunos aborígenes empujan los troncos y dejan otros nuevos colocados en el mismo lugar. Otros, en cambio, prefieren no desperdiciar sus fuerzas y los saltan limpiamente. Decido imitar a los segundos.

 

        En cuanto sorteo el obstáculo veo a lo lejos a un indígena vestido completamente de negro que se acerca corriendo y gritando. Debe ser el tonto de la tribu. Me río escandalosamente para no parecer un extraño. Sin embargo, mi risa parece encolerizar a ese pobre imbécil que extrae una curiosa lanza de pequeñas dimensiones de su taparrabos y se abalanza sobre mí. Como no quiero llamar la atención le quito la lanza de las manos y le doy con ella en la cabeza enérgicamente para llamar su atención e indicarle que se comporte civilizadamente ante sus congéneres. Por toda respuesta, el muy tonto se arroja a mis pies con los ojos cerrados y no mueve ni un músculo. Debe ser un amante de los excesos. Los demás nos miran y salen corriendo del lugar invocando a los dioses llamados "socorro" y "policía". Yo decido hacer lo mismo y bajo por otro desnivel gritando. Me cuesta seguir a estos salvajes porque cuanto más me acerco a un grupo de ellos más deprisa corren.

 

        De pronto penetramos en un recinto alargado cuyos extremos terminan en dos oscuras grutas. Sigo corriendo y en ese momento un gigantesco gusano de color blanco sale de una gruta como un rayo chorreando sangre. ¡Que espanto! Me llevo el mayor susto de mi vida, si exceptuamos el del día en que nuestro viejo hechicero se quitó la careta. Aterrado pero dispuesto a no dejarme amedrentar por tamaña bestia, lanzo la pequeña lanza del tonto de la tribu contra los ojos del animal. Uno de ellos se quiebra como consecuencia del impacto y el animal se detiene.

 

        Antes de determinar cuál será mi próximo movimiento me veo rodeado por los hermanos del tonto. Todos vestidos de igual manera. Sin mediar palabra empiezan a golpearme con sus lanzas y he de reconocer que hacen bastante daño. Invoco a "socorro" y a "policía" para que crean que soy uno de ellos, pero en vez de eso me pegan más fuerte y empiezan a preguntarme por algo llamado "documentación hijoputa".

 

        Para lograr salir de esta ignominiosa situación echo un vistazo a mi diario e intento repetir las amables palabras que me dijera el aborigen que me regaló su cabaña. Las empleo de forma aleatoria para que no crean que las estoy leyendo. Digo: "Hostias chaval......mierda medio en pelotas...a mí no me jodas...". Algo deben haber entendido porque, aunque al principio me golpean más fuerte, luego me levantan y uno de ellos dice que me voy a enterar. Puede que por fin consiga algo de información fidedigna. De momento sólo he conseguido un agudo dolor en todo el cuerpo pero vislumbro el futuro de mi misión con optimismo.

 

Seguiré informando:

Chop-Enjagüe.

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